Nadie puede negarse a caminar sobre la senda que marca el desarrollo de la humanidad. Aún queriendo esconderse de la luz, el brillo de los avances no se detiene, pues es parte del proceso de la creación de Dios y el desarrollo de las capacidades de los humanos.
Sin embargo, es válido hacer uso de la sapiencia en cada paso del transitar, pues es requerido observar la ruta y tomar precauciones en nuestro ambular, pues en caso contrario, debemos asumir la factura de caminar descalzos o, con las herramientas inadecuadas.
Vivimos en los tiempos de la inmediatez de la información, del surgimiento de equipos maravillosos que ponen el conocimiento a un clip del teclado, pero, también se nos asoman nuevos retos que hay que saber surfear, pues no todo lo que se nos presenta, puede usarse en demasía.
Como seres conscientes, entendemos que la mesura es necesaria en todas nuestras acciones y, a pesar que la internet, llegó para quedarse, también trajo un portafolio de uso, que pocos se atreven a revisar, dando por sentado que todo lo del “paquete” es usable, sin precaución alguna. Craso error, cuyas consecuencias ya miramos en todo el mundo.
La internet conecta a todos, la fluidez de la información produjo el milagro, no solo de acercarnos, sino de facilitar el conocimiento a los más intrincados enigmas del pasado que solo eran privilegios de pocos; pero también acerca a los niños a un mundo que, por su edad, no están capacitados para topar y salir ilesos… es allí donde está el peligro de uso.
Psicólogos, docentes y progenitores se encuentran hoy con un dilema de difícil solución. Los niños quieren estar conectados todo el tiempo a los móviles. La pantalla de vidrio les atrapó y, en muchos casos, estimulados o promovidos por sus padres, quienes, desde los primeros días de nacidos, lo primero que les muestran es una pantalla de cristal en procura de captar el primer llanto o, la primera sonrisa con lo que la percepción del mundo cambió y la conexión con lo virtual sustituye, en la mayoría de los casos, todas las relaciones humanas.
Los jóvenes ya no se imaginan reuniones de amena convivencia o charlas presenciales… todo es de manera virtual. La cuantificación de los daños a la salud mental que produce la adicción a las redes, es un enigma para los especialistas. Se sabe que existen de las más diversas formas, pero es prematuro establecer un calibrador, dada la diversidad de formas y manifestaciones que se observan en todo el mundo. Muertes inducidas por los juegos en redes, se miran en todo el planeta. Jóvenes que se suicidan al ser “castigados” prohibiéndoles el uso del celular. Abandono de las tareas y obligaciones profesionales a causa de estar muchas horas conectados. Millones de pérdidas por negligencias de responsables a causa de juegos en redes y/o chateos de diferentes calificaciones, son apenas una micro muestra de lo que acontece en la actualidad.
Los especialistas en conducta humana han definido el término referido al miedo a no estar en conexión virtual como Nomofobia, cuya patología produce pánico incontrolable si no se cuenta con un móvil, lo que lleva a los que sufren de este mal, a extremos indefinibles, por lo que, a nuestra manera de ver, es la patología del presente siglo, que llegó con la internet, para quedarse y, si no somos conscientes como padres, nuestros hijos caminarán sobre un riel del que será difícil saltar, con los consecuentes daños que tal caminata en lo virtual produce.
Es necesario recapitalizar la convivencia más allá de la conectividad, pues es común ver reuniones familiares en donde todos están “pegados” al móvil o tableta; el calor de sus dedos es superior al calor que producen las relaciones familiares. Los ojos de los reunidos, solo prestan atención a los caracteres que surgen en los aparatos que portan hasta para ir al baño. El amor de muchos se redimensiona dependiendo de lo que surge en la virtualidad y a ello responden.
Por otro lado, neurólogos y psicólogos tienen más trabajo a desarrollar, dada la diversidad de enfermedades que están surgiendo, a partir de la nomofobia. Traumas en las articulaciones van en crecimiento relacionadas al uso continuo de móviles, que también conllevan a daños a los oídos, por el uso indiscriminados de audífonos.
Difícil tarea tienen los educadores y formadores, pues existe una corriente que lo justifica todo en aras del manejo de las herramientas tecnológicas, sin percatarse de lo que su indiscriminado uso está causando en toda la humanidad y que aún no se reglamenta, a pesar que en algunos países se establecen límites de edades para tener acceso a redes sociales, pero no es allí en donde está el problema mayor… es en la familia que acompaña con goce el uso que los más pequeños hacen de una red. La nomofobia crecerá y con ella, los males en una sociedad, estarán en crecimiento; difícil tarea a abordar de la manera más seria, pues casi todos estamos metidos en la trampa de las redes.
Kralendijk, diciembre 2022


