La barrera de los complejos ancestrales

Si Rishi Sunak se hubiese mantenido apegado a la tradición hindú e impuesto a su esposa el uso del sari, no sería hoy, primer ministro de Inglaterra.

El dhoti de Sunak, tal vez lo tenga en su armario para ocasiones intimas de la familia, no por complejos étnicos, sino por la evolución natural de la moda y su perspectiva de la vida. Los tiempos del fanatismo étnico y la pregonada supremacía de una raza sobre otras, es asunto superado, en la mayor parte del planeta, para beneficio de la humanidad.

Los complejos de cualquier tipo, aniquilan las potencialidades del ser humano y obnubilan el porvenir. Ni el mismo Mahatma Gandhi imaginó que un hombre de casta hindú, llegaría a ser el premier de Gran Bretaña.

¿Cómo lo logró Rishi Sunak?… Sencillamente por evolución sin complejos, ataviado con el ropaje del talento, la perseverancia, la disposición al servicio público, pues nadie duda que el hindú, hoy primer ministro de UK, sacrifica parte de sus negocios, para asumir la gestión pública de una de las naciones más poderosas del mundo.

Sunak no solo salta sobre las barreras que deja su antecesor, pues fue canciller de Hacienda de Boris Johnson, hasta e el 5 de julio de 2022, cuando renunció, precisamente por no estar de acuerdo con el manejo de la crisis económica del premier y su desplome en la fe pública y es aquí en donde los ingleses, que miran a la libra esterlina desplomarse de una manera acelerada, buscan en medio de la tempestad, un salvavida… surge la figura de un hombre talentoso, exitoso, laborioso y con probada capacidad de afrontar las dificultades, pues desde sus raíces viene marcado con el ADN de resistir y no sucumbir ante las dificultades, Sunak estaba en lugar apropiado, con probado talento y con disposición a ayudar a la nave británica a no sucumbir.

El nuevo líder del Gran Bretaña, debe ser visto, en este lado del mundo, como un espejo en el que mirarse, arrojando los complejos al mar, sin miedo al éxito, sin las ataduras del mestizaje, ni la mirada del color de nuestra piel, pues probado está que no importa el lugar de dónde venimos, no importa nuestro enroscado cabello, no importa las miradas del pasado. Hay que superar con creces todas las barreras que nos atan al complejo étnico, para mostrar el brillo multicolor de nuestras potencialidades.

Las Antillas del Caribe tienen el reto de mostrar al mundo el resultado de la grandeza de la unidad en la diversidad, su cultura es un crisol que deslumbra, miramos como los niños, pilar de las generaciones futuras, hablan con fluidez, 4 idiomas: papiamento, holandés, inglés y castellano. He allí una de sus fortalezas que los antillanos deben mostrar con legítimo orgullo ante el mundo.
También las Antillas deben convertirse en el faro del saber, comenzando por superar colectivamente, los complejos de la esclavitud y las heridas del pasado. No se puede apostar a la unidad de propósitos, que todos queremos y merecemos, si no somos capaces de mentalizar que la raza humana es una sola y que cualquier ley, tradición o constructo mental que confiera derechos o privilegios superiores a un grupo de la humanidad sobre otro, no sólo es un error moral, sino algo que está reñido con los mejores intereses incluso de quienes en cierta forma se consideran superiores.

También es necesario presentar que el racismo, mal de miles de años, no excluye a los que la sufren o sufrieron, hoy vemos muestras de tal comportamiento en diferentes localías de todo el universo. En New York, por ejemplo, hay barrios en donde los blancos norteamericanos transitan con temor, las mismas calles que en el pasado, fueron temerosas para los negros.

El racismo se origina no en la piel, sino en la conciencia de las personas. En consecuencia, los remedios dirigidos a atajar los prejuicios raciales, la xenofobia y la intolerancia han de abordar primero y ante todo las ilusiones mentales que durante tantos milenios han dado lugar entre los pueblos a los falsos conceptos de superioridad e inferioridad.

En la raíz de todas las formas de discriminación e intolerancia se encuentra la creencia errónea en que la humanidad se compone en cierto modo de razas, pueblos o castas separadas o diferenciadas, y que dichos subgrupos poseen de forma innata diferentes capacidades intelectuales, morales o físicas a las que a su vez se recurre para excusar formas de trato diferenciado.
Los habitantes de las Antillas del Caribe, compuesta por sangre de tan distintos orígenes, tienen la oportunidad de mostrar al mundo que la realidad es que sólo existe una raza humana, que somos un solo pueblo que habita el planeta tierra, una sola familia humana unida por un destino común, una sola entidad creada de una misma sustancia y eso será el comienzo de un despuntar glorioso para todos. Luz que irradiará a todo el continente y llenará de gloria a cada uno de nuestros habitantes y así veremos a otros Rishi Sunak despuntar en el universo.

Kralendijk, octubre 2022
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