Albert Einstein, uno de los prohombres de la humanidad dijo: “Si siempre hacemos las mismas cosas, los resultados siempre serán los mismos”. Una verdad que nadie se atreve a rebatir, pero que no puede quedarse como expresión o cita.
Si el lector de esta nota es persona emprendedora, capaz de mirar más allá de los tinglados de las guerras montadas en estos tiempos, es lógico que asuma la tarea de preservar la vida ante el frenesí y la paranoia de muchos, pero sabe que no puede darse el lujo de buscar un hueco en donde meter la cabeza, como lo hace el avestruz. Al contrario, debe otear todos los horizontes posibles, para, en medio de la crisis, no dejarse atenazar por los miedos.
Vivimos los tiempos en donde se pone a prueba el conocimiento, la sensatez y la cordura; no solo en el plano empresarial, sino también en lo personal y, es allí donde es útil mirar la luz de la experiencia, la ruta de los saberes, pues, en caso contrario, nos hunde la crisis.
Propongo a todos mis asociados, amigos y a las mentes brillantes de nuestras Antillas y la América toda, asomarse al campo de la cordura, del optimismo y, desde allí formular un plan que tenga como hoja de ruta el famoso Método KaiZen, formulado hace más de 75 años por japoneses brillantes, quienes miraron el precipicio, a donde todos caminaban.
Japón tenía pocos recursos naturales, escasez de materias primas y energía. Los alimentos estaban racionados y el presagio era desolado, con una industria destruida por la guerra y sus productos no eran consumidos, ni siquiera en su propio mercado, pues eran considerados como de muy baja calidad.
En este contexto, los académicos de Japón miran con sobrada razón, que es necesario hacer las cosas de manera diferente. No podían seguir usando los modelos tradicionales en los que la producción contaba con recursos ilimitados. Estaba claro que el proceso productivo del país debía reinventarse.
La decisión pasa por la consulta a las mentes más lúcidas de todos los sectores y, como primer paso se procede a la creación (en 1949) de la Unión Japonesa de Científicos e Ingenieros (JUSE), quienes tienen como hoja de ruta, presentar, de manera esquematizada, un Plan Estratégico que sea el solio del camino a seguir por todos los involucrados.
La primera línea consiste en identificar todo lo que aporta valor. Localizar las necesidades y expectativas de toda la población de más de 115 millones de habitantes, sean clientes, usuarios de bienes y servicios; para lo cual era necesario despejar 3 incógnitas:
– ¿Qué podemos hacer para conseguir una mayor satisfacción?
– ¿Qué podemos hacer para obtener un incremento de ese aporte de valor?
– ¿Qué podemos hacer para conseguirlo antes?
Y, al tener las respuestas a estas tres interrogantes, se debe pasar a tomar decisiones, optimizar las tareas y, al mismo tiempo, eliminar todas aquellas actividades que no aportan valor y a las que el Método KaiZen llama, sin ningún tapujo, desperdicio.
A mi manera de ver, esa es la ruta que nos toca levantar como bandera, no solo en el Caribe Holandés, sino en todas aquellas naciones que aspiren a saltar sobre los huecos que nos dejan la guerra, la ignorancia, el egoísmo, la exclusión social y todos los daños al nuestro hábitat, cuyos efectos aún está ocultos.
Invito a cada lector a pasearse por el método creado por brillantes japoneses, que hoy es muy fácil ubicar, con solo googlear.
Kralendijk, noviembre de 2022
c.els@interconsultmc.biz


