A través de nuestra existencia material hemos visto crecer diversidad de plantas cuyos frutos y aromas alegran nuestro transitar; pero también hemos observado crecer el cardón y sus espinas; conocer la maleza, plantas indeseables que sirven de hospederas a insectos y patógenos dañinos a los cultivos.
Introduzco esta reflexión para, de manera análoga, hablar del discurso de la engañifa, que es usada por la falsa política que, montada sobre la cresta de la ignorancia, van sembrando esperanzas en las masas, logrando mucho auditorio y generando pasiones que luego se convierten en frustraciones.
El mapa de nuestra región está teñido de gobiernos populistas, demagogos y fracasados que, al no poder cumplir las promesas, recurren a la exacerbación de sus partidarios, para mantenerse en el poder y, en muchos casos, hacen uso de la fuerza, chantaje o prisión a los que se les oponen.
Pero lo más grave es mirar la letanía secuencial de “empresarios” de la comunicación, siendo útiles a los artilleros de la mentira, promoviendo sus “bondades”, sin detenerse a ponderar la carga implosiva de los mensajes y meta mensajes, para erosionar a las sociedades.
Los comunistas son duchos en el manual de Paul Joseph Goebbels. La misma bandera, con diferentes símbolos, enarbolada por millones de seres adoctrinados en el ideario marxista/leninista, en donde la arenga común es “muera el capitalismo”, como si el capital, en cualquiera de sus acepciones, es un estigma.
Pero lo más vergonzoso de muchos idólatras del comunismo es vestirse de “defensores de los más pobres, de los pueblos, los descamisados, los sufridos”, palabras huecas, mentiras de cualquier calibre, tal como lo muestra un catálogo de innombrables, que se convirtieron en súper millonarios, luego de asumir gobierno en un sinnúmero de países, cuya lista sería muy larga. Miserables que llegaron al poder y desde sus respectivas posiciones asaltaron las arcas de sus países, sin rubor alguno; más por el contrario, compran títulos de grandeza en cualquier parte que se ofrezca.
Somos testigos de la metástasis social en naciones cercanas, naciones con maravillosas potencialidades, están siendo devastadas por la fiereza política, que viene, desde el siglo pasado, haciendo cama y buscando poltrona en naciones prósperas. Sociedades “cultas”, fueron abrazadas no solo por los dueños de los medios de comunicación, comprometidos en aumentar facturación a los regímenes de turno.
No faltan los poetas revolucionarios, pues es parte del libreto goebbelsiano, el principio de la unanimidad que debe llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo” y, nada mejor que el canto, la poesía y la toma de plazas y sectores humildes, para “vender” la fórmula.
El comunismo focaliza a los cultores, es una de sus estrategias que le ha rendido excelentes réditos en todo el mundo. Usan todo un sistema de captación de cualquier persona que muestre amor por el arte y cultivan en ellos las semillas para multiplicar sus mensajes a las masas. Hay miles de casos de personajes que, con poco talento, llegan a subir a la platea del arte y espectáculo, con el soporte de estos patrocinadores “invisibles”, que mueven los aforos.
Lo grave es que personas de todas las latitudes, terminan siendo fans de representantes declarados del comunismo. Icónicos personajes que en todo momento pregonan las bondades de la ultra izquierda y, de manera perversa, son promocionados como imagen de la cultura universal y más que eso, ejemplo de juventudes.
La maquinaria comunista nunca les abandona, al contrario, silencian a los que, de una manera u otra, asoman pistas o datos de la conducta inmoral de ellos, como es el caso del renombrado Pablo Neruda, cuyas letras hacen llorar a miles… cuyos poemas son citados en todas partes, pero pocos conocen la perversidad de su conducta, como es el abandono de su hija Malva Marina, a quien despreció y catalogó de la manera más horrenda.
Malva Marina era hija de Maria Antonia Hagenaar, también conocida como María Antonieta, Maryka, una trabajadora bancaria neerlandesa; la primera esposa y la madre de la única descendiente de Pablo Neruda.
Neruda al referirse a su hija, nacida con hidrocefalia, era un “monstruo de tres kilos…”. No solo la detestaba, sino que la ocultó y negó manutención, según documentos poco visibles para los seguidores del “poeta de la revolución”. Mundo que cierra sus ojos ante la maldad y la mentira. Ojos que no miran lo que no quiere mirar. Letrados que no leen la conducta verdadera de sus promocionados.
Malva y su madre holandesa, no solo vivieron bajo el estigma del abandono, también les arropó la miseria y el rechazo de la mayoría de las personalidades de su tiempo, la niña terminó siendo un “punto y coma” para Neruda, otro calificativo con que el escritor se refería a Malva, para no nombrarla… desgracia humana de los hombres que, frente al dolor y la carestía humana, solo tienen en discurso de la burla y la descalificación. Eso es la siembra de la mala hierba con las que las revoluciones, han llenado el universo.
Kralendijk, diciembre 2022
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