EQUIPO ODCA-CAR
Septiembre 2022
El presente orden que rige al mundo y las relaciones entre naciones, está llegando al punto de quiebre. No hay manera de detener un nuevo pliego que se abre entre la sociedad, sin dilación y sin pausa.
Desde los tiempos más inmemoriales, la evolución de las civilizaciones ha estado precedida de los dolores propios de la preñez y la inmediatez del alumbramiento. No ha habido parto fácil, siempre ha habido resistencia a asumir la luz de un nuevo amanecer, por eso la natural resistencia a los cambios.
Los ejemplos del declive de sistemas existen en todas las literaturas del mundo, de fácil encuentro con datos, gracias al acceso de la información que hoy día no es solo de eruditos. Toda persona, de cualquier lugar del mundo, puede constatar al auge y caída de grandes civilizaciones, por lo que no es necesario relatar. Lo que nos motiva es mostrar en dónde estamos y presentar una visión del dónde vamos. Solo eso.
Hoy vemos en tiempo real la caída de grandes corporaciones, gobiernos, modelos y encumbrados sistemas. La luz penetra por todas las rendijas, pues no hay pared que pueda detenerla y esa luz nos muestra en toda su magnitud, el desplome de las economías y la quiebra de muchos, pero lo más triste es que algunos son de la creencia que no pasará nada… que todo seguirá igual y que las fortunas acumuladas tienen puerto seguro.
Visionarios como el premio Nobel de la Paz 2006, Muhammad Yunus, propone el negocio social que, a diferencia del negocio tradicional que busca maximizar las ganancias, no busca dividendos, sino solucionar problemas de los más necesitados, expresó en Lima, Perú en noviembre 2022, “Hay dos tipos de negocios, uno es el convencional donde se maximiza la ganancia, y el otro es el negocio social donde se resuelven problemas sin la intención de hacer dinero, y será el mundo de tres ceros”,
El obvio que en estos momentos la mayoría de los comerciantes, solo procuran el lucro, como es lógico, pero se ha llegado a la usura y al lucro indebido, sin mirar las consecuencias de la especulación y la quiebra de los más indefensos. Lucro a costa de la muerte o pobreza de otros no puede tener una escala de valores alta, sino de una bajeza profunda; pero, es lo que miramos en casi todos los niveles. Pocos ejemplos evitan la generalidad y es aquí en donde es necesario poner la mirada y replicar las experiencias sanas, propias de la solidaridad, empatía y responsabilidad social y nos atrevemos a preguntar: ¿de qué vale una riqueza en medio de la nada?
Entonces es obvio que debemos cambiar los paradigmas de los individuos, para poder producir cambios en la sociedad. Necesitamos repensar nuestra forma de vivir en el planeta, debemos preocuparnos más por el medioambiente, el bienestar de todos, la salud y las futuras generaciones, no podemos seguir la ruta del individualismo. Trabajar juntos, colaborar, cooperar para enfrentar estos desafíos globales que la actualidad nos presenta y que se vislumbran en el futuro cercano que es imposible evadir.
Lo más importante ahora para los gobiernos y los países, es realmente anticiparse al futuro, tratar de descubrir las incertidumbres, la complejidad y ambigüedad que enfrenta el mundo y toca a cada individuo ser consciente del momento que estamos viviendo y de la responsabilidad de cada persona en el devenir, pues ya no vamos a operar en un mundo que conocemos. Vemos que viene una conmoción tras otra, una disrupción tras otra, sea una pandemia, un tema tecnológico, político, ambiental… el mundo enfrenta tantos desafíos combinados y el camino por seguir es estar listos y preparados.
Estos tiempos requieren que los líderes de todas las latitudes, estén bien preparados y sean previsores, pues la previsión es la habilidad más importante del siglo XXI para los líderes de hoy, sino estamos a la altura de lo que se viene, el colapso tendrá mayor impacto en todas las naciones… que nadie crea, que el derrumbe de unos, deja incólume a sus bases funcionales.
EQUIPO ODCA-CAR
Septiembre 2022


