El lenguaje de los cerdos

En tiempos de regreso a la luna, mediante la misión Artemis, transportadora de un nuevo equipo de astronautas que incluye a la primera mujer y a la primera persona de raza negra, el mundo terrenal vive, en paralelo, el desarrollo de la guerra Ucrania/Rusia, mientras que la mayor parte de los habitantes se alborozan con el frenesí del mundial Qatar 2022.

Así es de contrastante la vida… así ha sido desde los tiempos inmemoriales, pues como según dijo el químico francés, Antoine de Lavoisier, “Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”, el ritmo de la investigación y el conocimiento, sigue su trayectoria infinita, pues más allá de todo lo imaginado, hay muchas joyas inimaginadas.

Y, mientras la mayoría de los científicos y amantes de las costelaciones están pendientes del regreso a la luna, millones de mirones esperan por el gol de sus equipos… otro equipo de investigadores tiene un encierro en las cochineras de Italia, procurando descifrar el lenguaje de los cerdos y lo que han filtrado a través de la revista ‘Animal Cognition’, indica que los porcinos pueden enseñarnos a desmontar los conflictos personales o grupales e incluso, si validamos la investigación, los grupos laborales y políticos, tienen mucho que asimilar de los que llamamos cochinos, de manera despectiva.

El equipo de investigadores de la Universidad de Turín, observó cómo se las arreglaban los cerdos domésticos en la granja Parva Domus e identificaron las interacciones entre los marranos. Antes, para saber qué relaciones mantenían entre ellos, identificaron cada generación en función de su raza, tamaño y marcas, analizando la genética de 31 ejemplares.

Como embajadores de buena voluntad, los científicos registraron las interacciones entre los cerdos durante un periodo de 4 meses. Observaron comportamientos agresivos como golpear la cabeza, empujar o morder. Cada felonía era seguida durante tres minutos.
Los autores documentan que, tras la pelea, tanto el agresor como la víctima mostraban conductas de reconciliación bastante tiernas, como el contacto hocico con hocico, sentarse juntos y apoyar la cabeza en el otro. Y estas acciones eran empezadas tanto por el agresor como por la víctima sin distinciones. Sin embargo, la proporción de conciliaciones era significativamente mayor entre los cerdos con parentesco más distante en comparación con los cerdos con parentesco más cercano.

Cuando un mediador intervenía espontáneamente después de una pelea, los efectos cambiaban. Si se acercaba al cerdo agredido, los ataques no paraban, pero este reducía el número de comportamientos ansiosos como temblar, rascarse, masticar con la boca vacía y bostezar. Sin embargo, si el mediador se acercaba al agresor, el número de ataques se reducía significativamente.
La resolución de los conflictos entre animales sociales -los cerdos también lo son- suele llevarse a cabo de dos maneras: o los oponentes se reúnen tras la agresión para reconciliarse o un tercero se interpone entre ambos contrincantes para reducir la agresión o la ansiedad de la víctima. Esto es lo que se conoce como contacto triásico.

Y como ocurre con los humanos, más mediadores se inmiscuían en el conflicto si intervenía un ejemplar con el que estaban estrechamente relacionados. Los autores sugieren que esto indica que los cerdos valoran ciertas relaciones y pueden apoyar a parientes cercanos.
Y he aquí una lección de los denostados marranos a los conglomerados de la humanidad, la figura del mediador es importante para bajar la carga agresiva y las posturas extremas. Los cerdos nos muestran que es mejor mediar, que pelear por lo que la conflictividad social, de cualquier tipo, vecinos, partidos y organizaciones diversas, deben sanarse bajo el respeto a las ideas del oponente y que, la cortesía al presentar oposición, debe ser el puente para el entendimiento. Algo debemos sacar de los cerdos, más allá del pernil preciado por muchos.

Kralendijk, octubre 2022
c.els@interconsultmc.biz